En ocasiones, el videojuego más simple puede ser el más adictivo. Esto es algo que hoy en día pocas veces se cumple, pero que en el pasado más remoto del ocio electrónico era una ley casi indiscutible. La falta de recursos y de adelantos gráficos obligaba a los desarrolladores a exprimirse las mentes e idear conceptos de juego tan sencillos como entretenidos. Un ejemplo de ello podría ser Arkanoid, título que Taito lanzó allá por el año 1986 a fin de hallar la jugabilidad que ya habían manifestado otras obras para el recuerdo como Breakout (de Atari) o el histórico y popular Pong, los cuales compartían la mecánica de manejar una especie de pala en pos de evitar que una bola cayera al fondo de la pantalla.
No obstante, cada uno de ellos tuvo una función, ya que si Pong inició un género y Breakout lo reorientó, Arkanoid llegó para arrasar en una época donde las máquinas recreativas y los ordenadores de 8 bits estaban en máximo apogeo. Y así es cómo pasaron los años, controlando a una nave “vaus” con el fin de destruir bloques y pasar de fase en fase. Lo vivimos en un Spectrum, en una SNES, en una PlayStation y, ahora, lo reviviremos en una Nintendo DS que quiere ganarse el título de máquina todoterreno, capaz de recibir tanto innovaciones como nuevas versiones de títulos tan antológicos y recordados como este nuevo Arkanoid
Para la ocasión no se cambiaron demasiado las pautas fundamentales del original, con lo que seguiremos controlando el movimiento lateral de una pequeña barra con la finalidad de evitar que una bola traspase la línea inferior de nuestra DS a la vez que procuramos romper todos los bloques de cada escenario. Tal vez la mayor diferencia en esta ocasión es que cada nivel se despliega a doble pantalla, además de que se incorpora el control táctil, la oportunidad de usar un controlador especial (a la venta en Japón con el nombre de “Paddle Controller DS”) y una nueva historia con un diseño muy simpático y colorido que ayuda a conseguir un acabado tan limpio como apropiado.
La trama, que supone un pequeño reclamo para ponerse manos a la acción, nos sitúa en las inmediaciones del planeta Arkanoid en el papel de Ananke, uno de los héroes de los ocho satélites que rodean al reputado astro. El problema reside en que, cuando un extraño fenómeno se lleva a los siete héroes de los satélites, nuestro protagonista se queda solo y también obligado a explorar la galaxia en busca de sus compañeros, procurando acabar de esta manera con la amenaza que se cierne sobre Arkanoid. Así de simple y así de circunstancial para nosotros, que pasaremos rápidamente a prestar atención a una desafiante bola durante las cerca de 35 rondas que conforman la modalidad principal de juego: el Modo Historia.
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